Son períodos de crecimiento y desarrollo en los que aumentan los requerimientos de energía y nutrientes.
Tanto la infancia como la adolescencia son periodos de especial crecimiento
y desarrollo en los que los requerimientos de energía y nutrientes se
incrementan.
HASTA LOS DOS AÑOS
Al hecho de ser un producto biológicamente adecuado para la alimentación del
lactante se unen otras ventajas de la lactancia materna: Cuando la lactancia materna no es posible se usan leches adaptadas. Son las
leches de fórmula cuya materia prima es sobre todo la leche de vaca modificada
nutricionalmente para adaptarla a las necesidades de los bebés y que se van
adaptando a las distintas etapas de requerimientos nutricionales y maduración
fisiológica. Así encontramos: Preparados especiales: en algunas ocasiones se presentan problemas médicos
como intolerancia a alguno de los nutrientes de la leche, problemas de
absorción o problemas digestivos. En estos casos es necesario dar al bebé
preparados especiales adaptados a su patología. Sería el caso de las fórmulas
para los lactantes pretérmino que tienen un contenido energético y de proteínas
mayor, fórmulas sin o con bajo contenido en lactosa, fórmulas antirreflujo que
contienen espesantes, fórmulas de soja cuando hay intolerancia a la lactosa,
galactosemia, etc. En los casos de alergia o intolerancia a las proteínas de la
leche de vaca se suelen dar preparados con hidrolizados de leche de vaca.
PERIODO ENTRE 1 Y 2 AÑOS
(Tablas de composición de Alimentos. Olga Moreiras. Ediciones pirámide
Madrid 2001)
Actualmente la alimentación de niños y adolescentes tiene, además, un carácter
preventivo debido a los problemas de sobrepeso y obesidad que se presentan con
mayor incidencia que en otras épocas.
Muchas enfermedades crónicas en la edad adulta están muy relacionadas con la
nutrición (obesidad, diabetes, dislipemias.) por lo que la prevención en la
infancia y adolescencia se convierte en una necesidad. Este es un buen momento
para la instauración de hábitos de vida saludables.
Durante el primer año la alimentación del niño es más estricta pero a partir
del segundo año de vida se comienza a instaurar el patrón que marcará la pauta
alimentaria a lo largo de su vida y que dependerá, en gran medida, de los
hábitos, gustos, costumbres, disponibilidad de alimentos y patrón cultural de
la familia y de su núcleo social.
Aunque el crecimiento es continuo, a lo largo de la infancia y la adolescencia
se dan diferentes fases o etapas en las cuales van variando las necesidades
nutritivas y de energía:
En los dos primeros años se produce un gran desarrollo físico. A los 5 meses el
niño ya ha duplicado su peso y lo ha triplicado al año. También aumenta mucho
en longitud.
A este enorme crecimiento se le suma la inmadurez de los aparatos y funciones
fisiológicas que necesitan una etapa de maduración, como los dientes que no
empiezan a salir hasta el segundo semestre o la maduración del sistema
digestivo que no se hace eficaz hasta los dos años. También a nivel renal el
bebé tiene una gran inmadurez. Este hecho condiciona la alimentación de los
niños que se va produciendo en etapas de forma progresiva con el fin de ir
adaptándose a los cambios de maduración fisiológica y psicológica que se van
produciendo en el niño. Abarca desde que el niño es un bebé alimentado
solamente de leche hasta que se va conformando su patrón alimentario.
PERIODO LÁCTEO
Es el primer periodo que encontramos en la alimentación de los niños en el cual
el bebé se alimenta casi en exclusiva de leche, bien materna o bien de leches
adaptadas. El niño se considera lactante el primer año de vida aunque a partir
de los 5-6 meses ya se comienza a introducir alimentos distintos a la
leche.
Desde el punto de vista fisiológico la mejor manera de alimentar a un bebé o
lactante es la leche materna que está adaptada de manera biológica a las
necesidades del niño.
La leche materna es un producto con unos porcentajes adecuados de macro y
micronutrientes, así como de energía que satisface las necesidades del niño
sobre todo hasta el sexto mes en que de manera progresiva se comienza a
introducir otros alimentos diferentes a la leche. Desde el punto de vista
nutricional los únicos nutrientes que no quedarían cubiertos con la leche de la
madre son las de vitamina K, hierro y vitamina D.
La leche materna frente a la leche de vaca presenta unas características
nutritivas diferentes:
PERIODO PROGRESIVO
A partir de los seis meses la fisiología del bebé va madurando. Aunque la leche
continua siendo el alimento principal se van introduciendo, de manera
progresiva, alimentos distintos de la leche materna o los preparados lácteos
con el fin de satisfacer la necesidades de energía y nutrientes.
No solo cambia la composición de la dieta del bebé sino también su consistencia
de manera que de una alimentación exclusivamente líquida se comienza a
introducir alimentos con una consistencia diferente. Primero se introducen
alimentos de consistencia semisólida y después sólida.
Los alimentos nuevos se van introduciendo en pequeñas cantidades y de forma
separada para detectar posibles alergias.
El primer grupo de alimentos a introducir suelen ser los cereales sin gluten
(arroz y maíz) La denominación de cereales para niños se hace extensivo a
algunas semillas como cacahuete, sésamo y soja. Son alimentos ricos en almidón,
proteínas o vitaminas del grupo B.
Después suelen introducirse las frutas y las verduras preparadas en papillas.
Hay que tener cuidado con las verduras más ricas en nitratos como son las
espinacas, las zanahorias o la remolacha.
Las carnes se suelen introducir hacia los seis meses. Se comienza por el pollo
que es menos alergénico y después la ternera o el cordero.
Pescados y huevos suelen introducirse de forma más tardía. Hacia los 8-10 meses
el pescado y hacia los 10-12 meses el huevo porque son alimentos muy
alergénicos.
Los yogures se introducen hacia los 12 meses y el queso no es aconsejable por
su alto contenido graso.
Las legumbres se suelen introducir entre los 9 y 12 meses.
Ya no hay un crecimiento tan intenso, la alimentación es ya muy parecida a lo
que será posteriormente. Se empiezan a instaurar los gustos y el patrón
alimentario del niño.
ALIMENTACIÓN DEL NIÑO A PARTIR DE LOS DOS AÑOS
PERIODO PREESCOLAR
De los 2 a los seis años
Hay un crecimiento más lento que en la etapa anterior pero las necesidades de
energía y algunos nutrientes como las proteínas siguen siendo superiores a la
de los adultos. El patrón alimentario de los niños se acaba de formar en esta
etapa y está marcado por el propio proceso madurativo del niño.
Los niños aprenden por imitación de los adultos y este hecho también afecta a
la alimentación.
El niño aumenta su actividad física.
PERIODO ESCOLAR
Desde los 7 a los 12-14 años.
Edad en que los niños entran en la pubertad. Se produce un crecimiento
diferente entre los 7-10 años más lento y los 11-14 en que algunos niños están
entrando en la adolescencia y el crecimiento es más intenso.
En este momento la actividad física es intensa lo que aumenta las necesidades
de energía y nutrientes.
Muchos niños comen en la escuela por lo que habría que vigilar los menús
escolares y vigilar que el niño coma adecuadamente en cuanto a calidad y
cantidad. Algunos niños sin vigilancia en los comedores escolares no ingieren
la ración adecuada de alimentos. Otros, en cambio, abusan de las cantidades o
toman solo los alimentos que les gusta. El niño puede adoptar hábitos y
costumbres que pueden ser perjudiciales para su salud, por ejemplo, empezar a
comer poco para no engordar y que puede conducir a una posterior anorexia en la
adolescencia.
La familia puede vigilar las cenas de manera que se hagan complementando las
comidas en cuanto a las recomendaciones de ingesta de los grupos alimentarios
(pescado si han comido carne en la comida, etc.) Que los desayunos que sean
suficientes y variados con el fin de que el niño tenga un buen rendimiento
durante la mañana y aprenda hábitos saludables.
También puede vigilar la familia la media mañana o bocadillo del recreo. Si es
posible, que lo lleve de casa para que sea más saludable y frenar la tendencia
a la ingesta de bollería industrial muy rica en grasas saturadas y claramente
aterogénica y obesogénica. Lo mismo se puede decir de las meriendas.
ADOLESCENCIA
Época de intenso crecimiento en el cual se produce el llamado "estirón"
que se manifiesta en el crecimiento en longitud pero también en la masa
corporal.
Se producen cambios en la composición corporal con una clara diferencia entre
los sexos los chicos aumentan su masa magra músculo y hueso mientras que en las
niñas aumenta mucho el tejido graso. Esto va a influir en las necesidades
energéticas puesto que el tejido magro consume una cantidad mayor de energía
que el tejido graso.
Es importante vigilar la conducta alimentaria de esta población ya que puede
darse una tendencia a una ingesta poco adecuada de picoteo y de consumo de
alimentos tipo snack o de comida rápida de alto contenido calórico.
También pueden darse ingestas poco equilibradas y muy desordenadas en las que
se coma poco en las comidas y se picotee, que no se consuman alimentos
necesarios como hidratos de carbono por el miedo a engordar, o que se prescinda
de los desayunos.
También es un momento en que se empiezan a hacer dietas sin control de
profesionales que han visto en Internet o les ha dicho una amiga.Esta conducta
además de conducir a patologías como la anorexia y la bulimia puede instaurar
hábitos poco saludables que tendrían una repercusión en la edad adulta.
En esta época se comienza el consumo de alcohol y tabaco.
Los adolescentes son una población vulnerable que puede ser fácilmente
convencida por la publicidad. Pueden abandonar el consumo de alimentos básicos
para alimentarse de otros alimentos que, a través de la publicidad, pueden
resultarles mucho más atractivos (alimentos lights, etc.) Este podría ser un
buen momento para hacer educación alimentaria.
REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES
Energía. Las calorías se ajustarán a las necesidades de los niños de forma
individualizada. Hay que tener en cuanta que el niño está en periodo de
crecimiento y tiene una gran actividad física (en la tabla 1 se exponen las
necesidades de energía de niños y niñas entre 0 y 19 años según la
recomendaciones para la población española de la Universidad Complutense de
Madrid).
Proteínas. Las proteínas son el nutriente imprescindible en la formación y
reparación de tejidos por ello no deben faltar en estas edades de máximo
crecimiento. Es recomendable que entren en una proporción de 11- 12% del VCT
(valor calórico total) de la dieta. Se recomienda que dos tercios sean de
origen animal es decir de alto valor biológico y un tercio vegetales
(legumbres, cereales, que tienen un valor biológico inferior).
Grasas. Se recomienda que las grasas aporten entre 25 y 35 % del Valor Calórico
Total (VCT) y que los AGS no superen el 10 % de este porcentaje.
Hidratos de carbono. Suponen el 50-55 % del VCT de la dieta. Se recomienda un
mayor porcentaje de hidratos de carbono complejos y 8-10 % de azúcares.
Fibra. Las recomendaciones están en torno a 25g./día y de forma natural como se
encentra en los alimentos cereales completos, fruta, verdura o legumbres.
Calcio. El calcio es junto con las proteínas el nutriente que tiene la función
plástica o formadora de tejidos. Su presencia es imprescindible en la formación
del hueso, y mucho más en época de crecimiento.
La adolescencia, sobre todo en mujeres, es el momento ideal de hacer una
adecuada masa ósea que servirá de prevención frente a enfermedades como la
osteoporosis o la esteopenia, que pueden producirse en mujeres en la menopausia
o la pérdida de masa ósea en el envejecimiento.
El calcio de la leche es el que tiene una mejor absorción intestinal por lo que
en esta época habría que asegurar una adecuada ingesta de leche y derivados que
son la principal fuente de calcio de la dieta. También son buena fuente de
vitamina D junto con el sol, la mantequilla y los aceites de hígado de pescado
ya que esta vitamina es imprescindible en el metabolismo del calcio.
Acido fólico. Es importante en los periodos de rápido crecimiento porque
interviene en la formación de ADN. Se encuentra en vegetales de hoja
verde.
Tabla 1. Ingestas recomendadas de energía y nutrientes.