(03/03/2008)
La dieta de la luna se basa en la teoría según la cual las diferentes fases
de la luna afectan al "ritmo corporal interno" siguiendo la misma pauta
que los mares y los océanos. Según sus defensores, uno de los factores que más
influye en la pérdida de peso es la capacidad de nuestro organismo de absorber
agua y esto está ligado a la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre los
líquidos, y en mayor medida cuando la luna cambia de fase. Es decir, que los
líquidos del cuerpo tienden a seguir los ritmos de las mareas, y que son
provocadas por la influencia de la luna. Además, supuestamente la importancia
de esta dieta es que los kilos reducidos no se vuelven a recuperar por la
influencia de la fuerza gravitacional que ejerce la luna sobre los líquidos del
cuerpo humano.
Consiste en la práctica de ayuno total durante uno o tres días completos, en
función de la modalidad, pero este ayuno ha de coincidir exactamente con el
cambio de fase lunar. Durante ese período no debe ingerirse ningún alimento, a
excepción de líquidos sin azúcar. Se supone que tras realizar el ayuno se llega
a una pérdida de peso de hasta 3 kg. que luego no se recuperan.
Aunque se han propugnado con desigual resultado algunas asociaciones del cambio
de fase lunar con diversos cambios fisiológicos, la presunta pérdida de peso
corporal según la fase de la luna no responde a ninguna base científica. El
ayuno total puede originar una pérdida de peso a corto plazo que no se mantiene
si no se toman medidas encaminadas a los estilos de vida saludables. La
práctica del ayuno completo, aunque sea durante pocos días, no es un método
aceptable para adelgazar, pues puede originar desequilibrios metabólicos que
pueden llegar a ser peligrosos, especialmente en personas con alguna enfermedad
de base.
La pérdida de peso debe abordarse a través de una dieta equilibrada en sus
nutrientes y en la distribución de los mismos a lo largo del día, además de la
realización de una actividad física regular adaptada a las necesidades de cada
persona.