La vejez produce numerosos cambios físicos que hacen necesario un ajuste de las pautas alimentarias para mantener una buena salud
Se consideran personas de la tercera edad a partir de los 65 años, aunque el
envejecimiento es un proceso progresivo natural tanto físico como psíquico que
cada persona sufre con distinta intensidad. La mayoría de la población anciana
presenta una alimentación inadecuada consecuencia de todos los factores
bio-psico-sociales que le acompañan:
La dieta en personas de edad avanzada
En esta etapa de la vida el gasto energético se ve disminuido al reducirse
la actividad física y la actividad metabólica de la masa corporal magra. Los
requerimientos son de 2400 kcal para varones de más de 60 años de edad y 2000
kcal para mujeres con la misma edad. Esta ingesta calórica se verá reducida en
un 10% cada década a partir de los 60 años. Las dietas deben tener un alto
contenido en densidad de nutrientes. El reparto de macronutrientes seguirá los principios de la dieta
equilibrada:
Proteínas. A pesar de la disminución del gasto energético, las
necesidades de proteínas no se van a ver afectadas, por lo que el aporte debe
ser de 0,8-1g/kg/día de proteínas. Deben consumir un 60% de proteína animal
(carnes, pescados, huevos, leche) y un 40% de proteína vegetal (legumbres,
frutos secos). En condiciones de estrés ocasionado por infecciones o enfermedades se
aumentará la ingesta a 1,2-1,5g/kg/día de proteínas. Un exceso de proteínas en
el organismo puede producir sobrecarga renal.
Hidratos de carbono. Ingesta de hidratos de carbono complejos es lo
ideal al ser fáciles de digerir y no producir subidas o bajadas de azúcar. La
ingesta de fibra de 20-25 gramos diarios es imprescindible para evitar la
aparición de estreñimiento. Los alimentos que los contienen son cereales, pan,
legumbres, verduras, hortalizas, arroz. Durante la vejez la glucemia se encuentra elevada por lo que se debe tener
especial control con el consumo de dulces y bollos para que no elevar
bruscamente la glucosa en sangre que puede traer consecuencias negativas.
Grasas. La calidad de la grasa de la dieta es fundamental para la
prevención de enfermedades crónicas. Se debe favorecer el consumo de grasa
insaturada frente a la saturada y sobre todo conviene evitar la
deficiencia de ácidos grasos poliinsaturados (omega 3) presentes en pescados
azules, que previenen enfermedades cardiovasculares, procesos infecciosos y
problemas inflamatorios.
Agua y líquidos. Los ancianos presentan gran riesgo a sufrir
deshidratación. Esto se debe a que el mecanismo de la sed está alterado, la
capacidad funcional del riñón es menor y existe una gran predisposición al
estreñimiento. El requerimiento de agua es de mínimo 2 litros al día o de 8
vasos de líquidos en forma de agua, infusiones o caldos junto con el consumo de
alimentos con alto contenido en agua.
Vitaminas. Las necesidades de los micronutrientes son similares a las
de la población adulta y se obtienen con la alimentación normal sin necesidad
de suplementos. Se han observado déficits de vitaminas del grupo B y la
vitamina C (en frutas como la naranja) al encontrarse disminuida su absorción a
causa de problemas digestivos o por interacciones con fármacos.
Minerales. Los más importantes son el calcio y el hierro ya que puede
haber carencias. Respecto al hierro se encuentra disminuida su absorción pero
no suele haber déficit y se recomienda 10 mg/día en mayores de 60 años. Son
fuentes de hierro las carnes rojas, las vísceras, los pescados, la yema de
huevo y las legumbres. El calcio se encuentra en déficit y se recomienda un consumo de 1200-1400
mg/día para disminuir el riesgo de osteoporosis. Se recomiendan para cubrir
estos requerimientos los lácteos y la toma de sol para obtener vitamina D que
es imprescindible en el metabolismo de calcio. Controlar la ingesta de sodio con un consumo inferior a 5 g/día para
prevenir el aumento de la tensión arterial.
La actividad física en personas de edad avanzada
La actividad física está relacionada con el proceso de envejecimiento como
factor de relación de la capacidad funcional, la masa muscular y ósea y la
prevención de enfermedades. La realización de actividad física moderada a lo largo de la vida disminuye
el riesgo de mortalidad y la aparición de discapacidad, aumentando la agilidad
y reduciendo el número de caídas. Además presenta efecto preventivo frente a la
pérdida de masa muscular y mejora el mantenimiento de la densidad ósea. Los estudios de intervención dicen que el ejercicio físico de resistencia,
como levantar peso, es el más adecuado para las personas de edad avanzada
porque aumenta el ritmo cardíaco y la respiración, favoreciendo la prevención
de enfermedades crónicas, principalmente enfermedades cardiovasculares. La recomendación es mantenerse físicamente activos durante 30 minutos al
día, tomar el ejercicio como parte del estilo de vida y realizarlo acorde a las
posibilidades de la persona.